11 jul 2006

30 de abril Walpurgisnacht en el Harz

Levantarse una mañana, correr las cortinas y encontrarse una gran nevada es algo normal en Clausthal; pero si mañana es 1 de mayo entonces es una putada. En mañanas como ésta tras meses de frío y nieve te preguntas si realmente veremos el sol algún día, si el verano pasará de largo por Clausthal, si, si, si; todo son dudas así que me vuelvo para la cama, quizás todo sea un mal sueño.
Levantarse una mañana, correr las cortinas y no encontrarse nieve, es cojonudo, incluso veo unos rayitos de sol, quién ha dicho que segundos despertares no son buenos. Hoy es un día especial, hoy hay algo que hacer en Clausthal, hoy se rompe la monotonía, hoy nos vamos todos de excursión; hoy es el aquelarre de las brujas.
Después de comer toda la maquinaria se pone en marcha, mucha gente y pocos coches; un problema. Poner de acuerdo a 15 personas es fácil, incluso a 20 o 30; aunque al final siempre pasa lo mismo, alguien que se retrasa, otro que se apunta a última hora, incluso el que 5 minutos antes aún no se ha decidido. Superados todos los problemas ya estamos en camino, vamos en coche con María, destino la montaña del águila. Se trata de una colina de piedra de unos 80 metros coronada por una enorme escultura de un águila, abajo en una pequeña esplanada los puestos de comida y cerveza (eso nunca puede faltar).
El sitio mola, hay ambiente de fiesta, bastante gente y estamos casi todos; pero que frío hace. Con los dedos congelados sujeto la botella de kalimotxo y empiezo a beber, no se pueden pasar bebidas al recinto. Ya estamos dentro, unos colándose y otros mas pardillos pagando 5€ por una pulserita conmemorativa. Aparte de la cerveza y la música alemana, hacen una obrilla de teatro en medio de a montaña y según me cuenta Juan los españoles son los malos que queman a las brujas. Parece que la obra no está siendo muy interesante porque buena parte de la tropa se ha ido a una fiesta en Clausthal, sólo algunos vemos como salvan a las brujas y la apoteósis de los fuegos artificiales. La gente está aplaudiendo un montón, como se nota que son familia, tampoco ha sido para tanto.
Ya no hace tanto frío, gran paradoja que el frío pase con frío, formato cerveza, kalimotxo o algún cubatilla. Abandonamos el monte del águila, que ahora en medio de la oscuridad si que acojona un poco, y vamos hasta Bad Grund. Menuda sorpresa aquí hay un ambiente increíble, calles cortadas, música, litros de cerveza y mucha gente. Hay un montón de brujas por todas partes, con sus gorros, sus escobas y sus caras de bruja; aunque muy simpáticas. Hay días en los que vas de decepción en decepción, pero otros de sorpresa en sorpresa; y hoy es un día Isabel Gemio, porque ahora mismo delante nuestra están tocando los kiss. Lo sé, no son los auténticos, pero nos lo estamos pasando de miedo; tocan todos los clásicos, hasta escupen sangre; joder muy profesional. Si midieran 10 cm más me quedaría la duda si podrían ser los auténticos.
El concierto se ha acabado y sin darnos cuenta todo el mundo ha desaparecido, el frío es definitivamente historia y ha llegado la hora de regresar a Clausthal. Todavía nos queda la típica fiesta de Verbindung clausthaliana.
Son las 6 de la mañana y volvemos para casa, me acuerdo de los sabrosos bocatas de la panadería de Hernán Cortés, mientras procuro no volver a olvidar - sin un duro en mis bolsillos - que el Pfand no es una bebida exótica alemana. Menuda noche más loca.

27 abr 2006

Kiel, ciudad comedor

Cuando emprendes un viaje hay siempre una preparación previa. Dónde ir, cómo llegar, dónde dormir o qué hay que ver; son algunas de las preguntas que debes responder antés de salir. Esta claro que si has decidido recorrer el mundo durante una temporada puedes pasar de preparativos y lanzarte a la aventura, pero si no es ése tu caso trata de informarte.
Volvemos de Copenhagen y suena un runrún de acercarse a algún sitio antes de llegar a casa, el runrún se convierte en Kiel nada más salir del barco; el instigador: Josín. Aparece la señal de desvío hacia Kiel, Sandra al volante quiere saber hace donde tiramos, elude claramente la responsabilidad; pero en el último instante Josín grita: A la derecha, a la derecha!!!, así empieza nuestra excursión a Kiel. No sé que esperamos encontrar aquí, a mi sólo me suena su equipo de balonmano, pero espero que sea pescado.
Pues ni pescado, ni playa, ni nada; hasta el ayuntamiento es nuevo y bastante feo. Recorremos la calle peatonal principal, es festivo y todas las tiendas están cerradas, seguimos caminando hasta un pequeño puerto en busca del acuario, y ahí en una piscina exterior del acuario junto a una marabunta de gente encontramos un par de focas, mis primeras focas en directo que ilusión. Pasado el subidón de las focas y de vuelta a la triste realidad de Kiel nos volvemos para a casa, quizás con tiempo y preparación no habríamos llevado una mejor imagen, aunque lo más seguro es que no hubieramos venido.

25 abr 2006

Copenhagen, quién puede ver una sirena de noche

Las ciudades son dinámicas, continuamente están cambiando. Pueden ser meses, años, incluso generaciones lo que tardas en percibirlo pero si te sientas en tu habitación y esperas a que caiga la noche sabes que algo ya es distinto. No sólo la ciudad se transforma; cuando llega la noche nosotros somos distintos. La ciudad cambia su luz, sus colores, sus sonidos, nos muestra otra cara. Nosotros somos menos confiados, más atentos al entorno y siempre caminando hacia la luz, raramente alguién busca una sombra en la noche. Pero con una copita todo vuelve a cambiar, ya no buscas luces caminas hacia los neones.
Viernes noche, mientras continúan los turnos de ducha Iván comienza la ceremonia del calimocho. Vino, coca cola y fiesta son la trinidad del calimocho; y los distintos juegos que incitan a la bebida, el camino hacia la catarsis. Llegan las doce y es la hora de conocer la imagen nocturna de Copenhagen, nuestra primera parada un club de erasmus, tras pagar entrada y disfrutar de la última canción de un concierto corrimos hacia la barra. Las birras no están muy caras y se agradece, la música es cojonuda y las tías que pinchan están bastante buenas, es una lástima que necesiten una lista con las canciones que deben pinchar, así cualquiera. Tras tres intensas horas cambiamos de garito y nos vamos al Jazz House, un sitio de moda con poco jazz mucho hip hop comercial y de precios prohibitivos. A las cinco de la mañana la noche se acaba en Copenhagen, es hora de irse a descansar. Camino a casa voy leyendo todas las postales que la peña de los garitos habían escrito, ahora me arrepiento de pedirles que lo hicieran en danés, no entiendo nada.
Sábado noche, cola para la ducha y otra vez el culebrilla del Iván ya preparado y calimocheando. Hoy hace bastante buena noche y vamos a ir a beber a la orilla de la ría. Los infantiles juegos para beber de ayer han dado paso a versiones mucho más desarrolladas y dañinas. El tres se convierte en tres proevolution, los fallos son norma y empiezan a pasar factura. Estamos en la ría y comenzamos el primer campeonato de 3pro, sin concesiones, un fallo y estás fuera; un fallo y te vas al embarcadero. A medida que avanza el juego el lema se convierte en un himno que nos acompaña toda la noche, al embarcadero!!! al embarcadero!!! - gritamos todos mientras Iván contra pronóstico es el último en venir al embarcadero, quizás no haya durado más de un minuto pero intenso, muy intenso. Entre risas y eses nos movemos en busca de un garito y hoy ha tocada el Australian Bar, un animado y enorme pub donde durante más de cuatro horas nos empapamos de la cultura danesa, pero ya son las cinco y se cierra el telón. Aunque parece que hoy hay quien no se rinde, camino a casa me pregunto si habrán encontrado algo, no lo sé pero ahí os dejo los comentarios.

22 abr 2006

Copenhagen, una sirenita en el norte de Europa - Episodio III -

Domingo doce de la mañana, cada día que pasa la cama te abraza con más fuerza, pero hoy es nuestro último día y hay que apovecharlo. En el concurso de quién duerme menos están los que han dormido cinco horitas otros ocho, hay quien se acaba de acostar, quien todavía no lo ha hecho y el Cholo. Intentamos en vano conseguir una bicicleta, pero habrá que completar la última jornada pedestre en Copenhagen. El hambre empieza a hacer mella y decidimos parar a comer, estando al lado del puerto que mejor que probar algo de pescado y si es cocina danesa mejor. Que equivocados estábamos.
El restaurante es relamente idílico, terracita mirando al puerto, camareras trajeadas, una carta interesante y un hambre voraz, media hora después casi no hemos podido probar bocado en el mejor de los casos, demasiada sofisticada la comida o poco acostumbrados a esos sabores. Con el estómago casi vacío y muy revuelto caminamos por el paseo marítimo; un precioso jardín, la maravillosa vista de la ría y el sol a nuestra espalda nos hace olvidar el fiasco de la comida. Hacemos una paradita para contemplar el magnífico edificio de la opera, tras la sesión de fotos continúamos el paseo, siguiente parada el palacio real.
Más allá de la belleza de las plazas, esculturas y edificios que forman el complejo del palacio, la mayor atracción suele ser la guardia real. Hombres enormes vestidos de luces e impasibles ante todas las tonterías que puedas hacerles, santos varones de paciencia infinita.
Cansados de tocarle las narices abandonamos el palacio y seguimos imaginándonos a la sirenita. Estamos a unos cien metros y a lo lejos vemos una pequeña marabunta de personas en torno a una roca, a cincuenta metros ya vemos la figura de la pequeña sirenita, crecerá según nos acercamos; pues no. No creo que esta sirenita de pie no levantará más de metro y medio del suelo, pero da igual. Veinte minutos después de la primera foto siguen todavía sonando las cámaras, hemos hecho fotos individuales, por parejas, en grupos e incluso con desconocidos. Esta sesión con la sirenita marca el final de nuestra visita a Copenhagen, volvemos al hostel pero aun sacamos fuerzas para ver otro parquecito en medio de una base militar aunque el guardia de la puerta está demasiado armado como para tocarle las narices con una foto.
Son las nueve y nos tiramos en la cama todos derrotados, hoy no habrá salida, mañana madrugón, foto en una playa danesa y de vuelta a casa; o eso creo porque siempre queda un camino a la derecha.

20 abr 2006

Copenhagen, una sirenita en el norte de Europa - Episodio II -

La primera resaca en una ciudad suele ser dura, la emoción de la noche anterior te lleva a darlo todo y más, sin reparar a que un pequeño madrugón te está esperando en pocas horas. Tras el madrugón viene la caminata y mañana todo vuelve a empezar, cambiando horas de sueño y descanso por más kilómetros y cansancio. La experiencia te enseña a no vaciarte y guardar siempre algo, por lo que pueda pasar.
El sábado el carrusel de la ducha empieza a las once de la mañana; con cierto orden y alguna culebrilla, con siete para una sola ducha la fauna salvaje se abre paso. Mención especial para nuestro amigo cholo, que amablemente cedió todo el fin de semana su derecho a ducha a cambio de recordarnos nuestra obligación de limpiar el baño. Al final ni él se ducho ni nosotros limpiamos.
A las doce y media ya estamos en camino, sacrificamos sin saberlo nuestra última opción de bicicleta, nos dirigimos a Christiania. Resulta difícil explicar que es Christiania, la leyenda dice que es un campamento hippy en medio de Copenhagen sin normas, sin leyes; durante el camino dejas volar tu imaginación y antes de llegar sientes el hormigueo de la emoción: Joder esto va a ser como un documental de Woodstock en pequeñin pero en directo - piensas iluso mientras no paras de sonreír. Caminamos durante media hora por la ribera del río, admirando a cada paso los maravillosas construcciones de un plan urbanístico que mira a la ciudad y a su gente sintiéndose orgulloso y no como una puta de lujo que se vende al mayor especulador.
Ya estamos llegando a Christiania, ya me parece oler las flores y escuchar el Magic Bus de los Who. Pero mira que soy tonto a veces, ni flores, ni los Who, ni Woodstock... por cada pseudohippy que me encuentro hay tres maderos, dos colgaos borrachos, una tribú urbana de jóvenes malotes y diez perros. Sólo queda un pequeño rumor en el ambiente de lo que Christiania debió ser, pocas personas auténticas de verdad y mucho aprovechado al que le han dado un lugar donde tajarse poque sí a cualquier hora del día. Son las personas las que crean un lugar dejando parte de su esencia y supongo que las de mi quimérica Christiania deben estar hoy de viaje.
Es hora de comer y empieza la lotería de elegir un sitió, parece que hoy hemos tenido suerte, que buena está la comida de LUNA´s diner y menudas raciones. Saciada el hambre dedicamos la tarde a caminar por el centro, visitar alguna tienda y admirar desde un banco los monumentos de Copenhagen; uno, dos ,tres, quince... tardas muy poco en perder la cuenta.
Algunos decidimos alejarnos del centro para ver si hay vida más allá del maravilloso centro. Coño ese tío lleva una pistola, me giro y veo a tres policías desarmando a un vagabundo borracho, pero como somos muy duros no nos dejamos impresionar y seguimos camino más alla del río. La ciudad aunque no tan fashion sigue manteniendo su estilo, edificios pequeños, muchas zonas verdes e infinitos carriles para bicis.
Volvemos al centro para reagruparnos, caminando cansados hacia el hostel piensas en esa maravillosa ducha y en que nos deparará esta noche. Pero a estas alturas todos sabemos que da igual todo lo que uno se imagine al final la noche siempre te sorprende y sino no es tu caso.... hazte un favor, deja de salir.

19 abr 2006

Copenhagen, una sirenita en el norte de Europa - Episodio I -

Cuando alguién piensa en un país escandinavo, lo primero que se le viene a la cabeza son los grandes tópicos: frío, vikingos, tías rubias impresionantes, salmón ahumado... y aunque a veces los tópicos son leyendas alejadas de la realidad, esta vez algunos se cumplieron. El salmón estaba muy bueno y las tías también, de los vikingos ni rastro.
Tras un buen madrugón, 532 km. y un viajecito en ferry llegamos a Copenague. Siete aventureros con sus mochilas en un volkswagen de siete plazas y sin maletero, el síndrome de la clase turista estaba al acecho. En esas circustancias subir al ferry que une Alemania con Dinamarca fue una liberación, estirar las piernas un poco, volver a ver el mar y unos rayitos de sol en cubierta; perfecto para cargar un poco las pilas y recorrer los 140 km. finales. Dinamarca nos recibió con sol y viento, grandes llanuras verdes sembradas de molinos y extraño límite de velocidad de 110km/h.
La entrada a las grandes ciudades suele ser un poco caótica, más aún cuando es la primera vez; sabes a donde quieres ir, no sabes donde estás y en el último momento no aparece la S2 que indica la vía michelín. Solución, siempre la misma, conseguir un mapa y preguntar dónde estamos y dónde queda el hostel. Una de las primeras incógnitas que se resuelven en un viaje es cómo está el hostel, pasar tres noches donde no estás cómodo puede resultar un incordio.
Los dormitorios - habitaciones con muchas camas - son una buena opción para dormir por no mucho dinero en el centro de las ciudades, pero casí siempre has de compartirlo con alguién y aunque normalmente son personas con tus mismas inquietudes a veces puede saltar la sorpresa. Sorpresa que llamaremos Cholo y que puede ser francés, por ejemplo, y que no está de visita sino que vive en el dormitorio. Y aunque parezca increíble con nosotros vivió durante tres días un personaje así, un poco peculiar, distinto, pero una buena persona.
Después de dejar las cosas en la habitación número 13 del piso 14 del hostel, comer algo, preguntarnos de quién serían las cosas de la octava cama que había; nos fuimos a estirar las piernas por la ciudad. El hostel estaba situado en el centro de la ciudad, junto al Tivoli, y a unos 500 metros del ayuntamiento. No volvimos a coger el coche hasta el lunes.
La primera sensación de Copenhagen es acogedora, hay muy pocos coches y muchísima gente en bicicleta. En ningún momento sientes que estás en una ciudad de un millón de personas, sin atascos, ni pitidos, aire limpio, edificios pequeños a la vanguardia de la arquitectura contemporánea, sin malas caras y con grandes sonrisas. Copenhagen enamora a primera vista.
Para el recién llegado lo mejor es acercarse hasta la plaza del ayuntamiento, estarás en el centro de la ciudad y muchas calles peatonales suelen confluir en él y normalmente suelen ser monumentos en si mismos. Tras una sesión de fotos en la plaza, empezamos a caminar por la típica calle peatonal, bulliciosa y llena de tiendas, todas cerradas que era festivo; pero que os voy a contar todas las ciudades del mundo tienen al menos una calle así. No duro mucho nuestro primer paseo, el cansancio, el viento y la rasca que hacía nos agotaron demasiado pronto, aunque conseguimos llegar hasta el mar. Pero teníamos ya muy claro que habíamos acertado con la ciudad. Grandes cosas nos estaban esperando, incluyendo un francés. El octavo elemento que me permitió por primera y última vez subirme a una bici en Copenhagen ese mismo viernes. Sólo un minuto encima de la bici fue suficiente para pasar el resto del fin de semana suspirando por ella.

4 abr 2006

MUSIC: Antony and the Johnsons

This new york, usa-based chamber cabaret outfit is led by the striking, androgynous figure of singularly named performance artist antony. His unusual background saw him relocating from his native england at the age of 10 to be raised in california, usa. He moved to New York in 1990 to attend the experimental theatre wing at nyu, and before long had become heavily involved in the city's punk drag scene.... This is part of the biography of Antony, the singer and the heart of Antony and the Johnsons band.
Being discovered by Lou Reed for the great audience (including myself), after a guest appearance on Lou Reed´s the raven and tour with him, performing a riveting version of "Candy Says" in the middle of Reed´s set. The following year Antony and the Johnsons complete their second album I am a bird now an a
mazing album. The incredible voice of Antony is the protagonist of the album, featuring guests of honour such as Lou Reed, Devendra Banhart, Boy George and Rufus Wainwright, a warm, intimate, human portrait of his obsessions that seemed to be the exact antithesis of the debut album (Antony & the Johnsons- 2000). The music is based in arrangements of strings and piano, in fact in many concerts Antony playes the piano and only Julia Kent´s cello playes with him. But is the voice of Antony, a voice that embodies romanticism like few great voices in the past. The cover of the album is a 1974 photo of Andy Warhol superstar Candy Darling, a melancholy but arrestingly beautiful image, it depicts Darling on her deathbed.
I am sure that this may be one of those "love it or hate it" cases, an album that I´m consider the discovery of the last year, and I hope that Antony don´t looses his incredible identity in the next album.
Try to listen one of the greatests albums of the last years, and then tell me if you love or hate Antony, the Voice.
Part of the text take of the official page of Antony and the Johnsons

3 abr 2006

Berlin, visita fugaz a una ciudad con historia

Hay personas, lugares, incluso objetos, que ha pesar de no haberlos visto nunca nos resultan concidos, casi familiares. Esa sensación extraña de conocer lo desconocido fue la primera que tuve al ver Berlín. Pero una realidad de la vida es nuestra tendencia a la exageración, ni os imagináis la imagen que en mi cabeza tenía de Berlín. Al poco de entrar en la ciudad y antes de poder empazar a recorrer los 8 km. que nos separaban del centro, ya nos habíamos perdido. Por suerte conseguimos encontrarnos gracias a la puerta de Brandemburgo, aunque con el cansancio del viaje y el desconcierto de estar perdidos no la reconocimos hasta que estábamos casi en frente. A partir de ahí cinco minutos hasta legar al hostel, dejar las maletas, aparcar el coche y a conocer la ciudad.
Era domingo y aun así había bastante ambiente por la ciudad. Decidimos hacer uno de los itinerarios recomendados por la guía de lonley planet, nada mejor para empezar que un Berlín básico, empezando por el Reichstag (parlamento) y su famoso cúpula de cristal; cúpula a la que no pudimos subir ninguno de los días, ya se sabe lo que pasa cuando algo es gratis las colas son interminables. A continuación otra vez la puerta de Brandemburgo, ahora ya fuera del coche y a su lado ya era mucho más majestuosa, aunque me la había imaginado más grande. Seguimos nuestro itinerario por Unter den Linden el mayor boulevar de Berlín aunque nosotros sólo podíamos entrar a las tiendas de souvenirs y a los cafés, pues en domingo todos los edificios recomendados estaban cerrados. Seguíamos nuestro camino cada vez más rápido, pues hacía un rato que había anochecido. Tras visitar la conocida como plaza más bonita de Berlín y no ver mucho por la oscuridad y la lluvia, buscamos una estación de metro para poder ir al Sony Center, que resulto ser una gran plaza con unas cuantas terrazas, a primera vista. Porque nada más levantar la mirada descubrías una enorme cúpula que se iba iluminando de colores, estaba bastante bien y combinando esa vista con una cerveza en una terraza mientras descansaban un poco las piernas, no tenía precio.
Eran las once de la noche y aún no habíamos cenado, a esas horas en Alemania sólo te puedes tomar un kebab, bueno, bonito y barato. Aunque intentamos una incursión en una especie de restaurante español, y quizás a los berinese les den el palo con lo que servían pero a nosotros no. Siempre, siempre que se va de viaje uno debe adaptarse a las costumbres del lugar que lo acoje, y la comida es más que una costumbre. El kebab vale como autóctona debido a la gran comunidad turca que vive en Alemania. Ya con el estómago lleno y después de otra cerveza en el pub que tenía el hostel nos fuimos a descansar.
Berlín es tan grande y tiene tantas cosa que ver que en dos días lo mejor que uno puede hacer es caminar por la ciudad e ir topándose con monumentos, algo que se complica si es de noche o si llueve a cántaros, circustancias que nosotros experimentamos. Aunque antes de caminar por caminar hay que visitar el muro, o lo que queda de él. Mapa en mano nos dirigimos a una de las zonas en las que aparecía un cacho de muro, además ese cacho que íbamos a ver era como una galería de arte al aire libre, allí habían pintado grandes artistas. Llegamos al punto marcado en el mapa y nos pusimos a buscar el muro, empezamos a caminar por la acera hasta que pasado un rato y no encontrar el muro nos dimos cuenta que el muro no era más que esa pared alta toda pintada y no muy bien conservada que estaba a nuestra derecha, ni nos habíamos dado cuenta. Pensándolo bien tampoco sé que era lo que esperaba encontrar, quizás algo más especial, distinto o reconocible a simple vista, pero no fue así. Supongo que la grandeza del muro estaba en su simbología, había sido un icono durante décadas para millones de personas, había sido el símbolo del comienzo de una época y años después de su final. El espíritu del muro perdurará siempre, mucho más allá que ese trocito de cemento que ahora quedaba. Por si acaso me lleve un pequeño cacho de recuerdo que estaba en el suelo.
Visto un cacho de muro vistos todos, al metro y de nuevo a la puerta de Brandemburgo para ver de día todo lo que vieramos ayer de noche. Ahora ya todos los bancos, las tiendas y las galerías estaban abiertas, no parecía el mismo lugar todo era mucho más bullicioso. Completamos nuestro itinerario Berlín básico entrando al DG Bank con su increíble interior de Frank Gehry, a las Galeries Lafayette de Jean Nouvel y al Quartier 2006 obra de Henry Cobb e I.M. Pei. El tiempo se nos echaba encima, pero antes de irnos nos acercamos hasta el Bauhaus Archiv aunque llegamos a la hora del cierre y no pudimos entrar al museo. Allí acababa nuestra visita a Berlín, pero antes de irnos tuve tiempo de hacerme una foto con la mascota del D-Bahn; un playmovil gigante.
Más de 15 años después de la caída del muro las obras en Berlín no cesan, los solares donde estaba el muro han dejado su sitio a grandes construcciones de los mejores arquitectos del mundo. Las obras son el peaje de Berlín para ser una ciudad tan dinámica, en continuo crecimiento, con más y mejores cosas que ofrecer. Da igual cuantas veces vaya a Berlín en los próximos años, siempre me ofrecerá algo nuevo.
La noche caía y a nuestra espalda quedaba la puerta de Brandemburgo, nuestro faro en Berlín. Vovíamos a casa, pero pronto volveré a Berlín; todavía me quedan muchas cosas por ver y vivir en esta ciudad.

29 mar 2006

Frankfurt, un pedazo de Manhattan en Alemania


Te despiertas una mañana y piensas que puede ser un día muy largo. Da igual que sea mediodía y sigas inmerso en la rutina diaria, todo sigue igual; nada cambia. Llegan las tres de la tarde y todo empieza a cambiar, corriendo a coger el bus de Goslar para recoger un flamante coche de seis plazas. Tendría que ser un Ford Galaxy pero nos encontramos con una Mercedes Vito casi a estrenar. Balles al volante, y aparece el primer contratiempo depósito casi vacío, dónde está la gasolinera.

Encontramos la gasolinera y un nuevo problema, después de pedir 60€ de diésel sólo le entra un euro y otros dos acaban en el suelo. Qué pasa, joder - grita Balles - el indicador del depósito va al reves que en mi coche. Problema resuelto, hubiera bastado con fijarse un poco.
Después de cuatro horas llegamos al aeropuerto de Frankfurt a recoger a nuestros compañeros de viaje: Antonio, Ruth, Esther y Lorena. Si llegamos a saber que Iberia iba a perder sus maletas, hubieramos cogido un coche más pequeño. Después de los saludos y las lamentaciones, bajamos a Frankfurt en busca del hotel. Bajo la lluvia y en mitad de la noche sólo se distinguían enormes torres acristaladas una detras de otra, también llamados rascacielos, encontramos el hotel, y nos fuimos a la cama.

Sábado por la mañana son las diez y ya estamos desayunando, uno de los mayores desayunos que he comido nunca, había un millón de cosas y como todo estaba pagado, pues probé un poquito de cada cosa. Con el estómago a reventar y sin una guía de la ciudad sólo había que ponerse de acuerdo en hacia que rascacielos debíamos ir y si lo haríamos a pie o usaríamos transporte público. Y la verdad, como comprobaríamos más tarde, erramos las dos decisiones; fuimos siempre a pie y fuimos a un rascacielos bastante alejado y nada interesante. Una vez que conseguimos hacernos con un mapa cambiamos de rumbo hacia el centro de la ciudad.

La deriva inicial nos permtió recorrer parte de un barrio residencial de Frankfurt, con sus casitas de dos pisos, de madera y muy acogedoras, se respiraba tranquilidad por aquellas calles, era Alemania, me faltaba una salchicha y una birra para una buena postal de Alemania. Entonces llegamos al centro y todo cambió. Desde que estuviera en Manhattan no había tenido aquella sensación, cuando recorres con la mirada un rascacielos una vez que llegas arriba y empiezas a bajar de nuevo la vista, un pequeño mareo recorre tu cuerpo, las piernas te fallan y sientes una angustiosa necesidad de agarrarte, por unos instantes pierdes el equilibrio; hasta que tu cerebro reacciona y le recuerda a tu cuerpo que estás en la acera y que todo ha sido una ilusión. Entonces vuelves a mirar al frente tranquilo y sin mareos, pero en un instante vuelves la cabeza y otra vez miras hacia arriba para volver a experimentar la sensación del marinero del skyline, así como un niño pequeño una y otra vez hasta que alguien te obliga a reemprender la marcha. Sigues recorriendo el centro financiero de Europa y te das cuenta que los bancos son la iglesia del siglo XXI, tienen todo el poder y lo muestran en sus catedrales verticales gigantes, pero no te ofrecen la salvación.

La zona vieja de Frankfurt, alrededor de la catedral y junto al río, es muy acogedora vuelven las plazas con casas pequeñas y llenas de colorido. Plazas bulliciosas donde los turistas se mezclan con los lugareños y con algún que otro artista callejero. La calle de los sibaritas también tenía su encanto, un espejo del capitalismo comida, ropa, joyas y políticos en campaña electoral; y todo eso en una calle peatonal de no más de 600 metros. El ayuntamiento, una ciudad más, es uno de los edificios que no hay que dejar de visitar. Seguimos bajando hasta llegar al río, entonces toca elegir el puente por donde cruzar el río Main, al otro lado me esperaba una de las grandes sorpresas de la visita. Era un mercadillo parecido a un día de feria pero sin animales, la mayor parte de los puestos estaban ya cerrando, nos pusimos a echar un vistazo y en un puesto de cds y Lps encontré una joya que no pude dejar pasar. La edición alemana original en vinilo del Ziggy Stardust de David Bowie, uno de mis discos favoritos, 8€ me pidió y ni pude regatear. Parecía un niño pequeño cruzando el puente con mi disco bajo el brazo.

Se hacía tarde y pronto tendríamos que volver a Clausthal, pero en Frankfurt la última parada siempre debe ser la sede del Banco Central Europeo, otra vez a los rascacielos pero esta vez había que subir. Tras pagar y pasar un estricto control de seguridad, cualquier cosa puede llegar a pitar, creerme hasta la que menos te puedes esperar; subimos los 54 pisos en un ascensor y los dos últimos andando. Desde tan arriba todo resulta hermoso y muy pequeño, sino fuera por el frío podría haberme quedado horas viendo la ciudad. Ahí arriba el tiempo se detenía y daba igual donde mirases porque todo era una postal inolvidable.

Después de todo un día de caminata llego el momento de regresar a Clausthal, el fin de semana sería muy largo y acababa de empezar. Atrás quedaba el motor económico de la Europa de los 25, por ahora.

14 mar 2006

Hamburg, la ciudad que no duerme

Tras la cabezadita reparadora ya estaba listo, me levanté, me vestí y me tome una birra; así empezó mi noche de fiesta en Hamburgo. Después de haberme tomado otra cerveza bajé hasta el saloncito del albergue y allí estaban Pablo, Javi, Sandra y Belén; así que me puse a beber con ellos. A las doce de la noche decidimos salir e ir hacia St. Pauli a comenzar la dura jornada nocturna.
No habríamos andado ni 100 metros cuando, al pasar por una especie de teatro abandonado, oímos música. Vimos a alguién que entraba por una puerta lateral, y allí fuimos. Era el típico teatro okupa, yo nunca había visto uno, con una banda haciendo una jam session; el sitio estaba cojonudo, buen ambiente y música en directo, que más se puede pedir... pues algo sí, tocar también en la jam. Así que poco a poco nos fuimos haciendo con algún instrumento y a tocar. Fue cojonudo, pero había que seguir para llegar a St. Pauli, ya estabamos cerca, atravesamos de nuevo la zona de ambiente, mucho más bulliciosa que de día, con mucha gente al menos llamativa y por fin delante nuestra apareció la gran zona de marcha de Hamburgo, vaya si hay marcha. A partir de ese momento entramos en una espiral de gente, cerveza, fiesta, baile, más cerverza...... y de pronto ya eran las cinco de la mañana.
Durante ese tiempo nos pasó de todo, nos perdimos y nos encontramos, fuimos a garitos con música en directo y a otros con dj; y todos con algo en común, había gente mucha gente, de fiesta, de buen rollo y firmando en mi mapa de Hamburg. Hay que ver de cuantas formas distintas se puede llegar a escribir Moisés.
Eran las cinco y hacía tiempo que iba bastante contentillo. Entonces Javi me pregunto cuánto nos habían pedido a nosotros; pedido quién, lo qué, de que cojones me habla este tío. Entonces me di cuenta, cuando nos perdimos al llegar a St. Pauli fuimos a un garito a beber algo, saltándonos una de las grandes atracciones de Hamburgo la calle de las mujeres de la vida, o sea putas. Como el barrio rojo de Amsterdam pero a escala. Avisé a Balles y a Pablo y para allí fuimos, no es una gran caminata unos 30 segundos, y sin eses hubiera sido menos; llevábamos un guía experimentado como Javi que iba por su segunda visita, no sé que dijo que se le había olvidado. Llegamos al gran biombo rojo y entramos, las mujeres no pueden pasar a no ser claro que sean trabajadoras, y te encuentras lo que te esperas: mujeres atractivas y ligeritas de ropa, como un gran escaparate con maniquíes vivos. Lo cierto es que yo no valgo mucho para eso y cada vez que una abría la ventana para hablarnos, con esa poquita ropa y el frío que hacía fuera se me rompía el corazón, un poco si. No creo que sea una gran atracción turística, bastante tienen con aguantar a los clientes para aun encima también mirones. Aunque si todos los voyeurs fuesen como fuimos nosotros estarían encantadas, menudos caballeros que fuimos.
Acabada la operación maniquí viviente, continuamos la fiesta en otro garito y a las siete para casa, a ver si se podía dormir un poco antes de dejar el albergue, a las once la salida. Por el camino incluso conseguimos comer algo, un par de estiradas en la nieve y a dormir. A las once en pie, una ducha de agua fría y otra vez a caminar, le dimos un par de vueltas al puerto y a la estación para regresar a casa, por lo menos hizo bastante sol y fue más agradable. Aunque no dejabamos de parecernos a la Santa Compaña.
Fue un fin de semana bastante intenso y totalmene recomendable para casi todos los públicos.
Volveré.