22 feb. 2007

Tallin, tan cerca tan lejos

La hora y media que separa Tallin de Helsinki es como un pequeño salto en el tiempo, parece mentira que el barco siga siendo el mismo después de bajarse en Estonia. El viento, la noche y el frío nos esperan. Arrastramos las maletas por la nieve siguiendo nuestra propia estrella fugaz y cuando levantamos la cabeza estamos delante de una gran muralla, sólo faltan dos soldados franceses defendiendo la torre y ya seríamos parte de los caballeros de la mesa cuadrada.
Dentro del casco antiguo, los muros nos refugian del viento, incluso parece que no hace tanto frío. Los callejones se suceden sin orden, el empedrado y la nieve dificultan el camino, y los nombres de las calles nos suenan a chino, son las dos de la mañana y estamos cansados y perdidos. La desesperación nunca es una buena compañera de viaje, incluso en los peores momentos, relajarse y pensar un poco ayuda a recuperar el norte, situarse en el mapa y encontrar el hostel.
Recorrer una ciudad nevada una noche de luna llena es siempre una experiencia única. A la tranquilidad de la noche en las ciudades se une el extrade luz que da la luna al reflejarse en la nieve, es un continuo amanecer.
Tallin es una ciudad pequeña y concentra todas sus riquezas en la zona antigua, tras la toma de contacto nocturna tenemos una mañana para conocer todos sus secretos antes de regresar a Berlín. La mañana se convierte en una pequeña gincana cultural, somos los turistas japoneses,
monumento-foto-siguiente, alejados del contacto con los nativos.
En cuatro horas a buen ritmo puede recorrerse toda la cidadela, aunque sin tiempo para asimilarlo, porque tras una iglesia hay una gran plaza, tras la plaza un mirador, tras el mirador un palecete, y entre todos las bellezas autóctonas. Es ahora, eligiendo las fotos, cuando recuerdo la belleza de Tallin y la cantidad cantidad de detalles que por la prisa había pasado por alto.
El autobus al aeropuerto se coge en la nueva Tallin, más allá de la muralla, junto a un enorme centro comercial. Los centros históricos de las ciudades se encontraban junto a las catedrales y la plaza del ayuntamiento. A día de hoy son los centros comerciales los que han tomado el relevo, los encargados de dar respuesta a las inquietudes espirituales de las personas, la nueva doctrina del capitalismo. Doctrina que Tallin abraza con fuerza desde hace algo más de una década. Tonto el último que diría alguno.