24 oct 2006

Berlín, una semana en la capital de la tranquilidad

En cada visita, Berlín me va cautivando más y más. Una ciudad que es capaz de dar respuesta a cualquier inquietud que tengas, pero no de forma complaciente, pues siempre has de realizar el esfuerzo de encontrar lo que deseas.
La tranquilidad que se respira en Berlín es increíble y viniendo de Londres se nota. Me espera una semana de recogimiento, descanso y fiesta, mientras mis padres y mi hermana disfrutan de las visitas de la ciudad. Es un buen ejercicio volver a lugares en los ya has estado, mientras la gente los aprecia por primera vez, tú te dedicas a mirar más allá y quedarte con un montón de nuevos detalles, cosas curiosas, los colores o simplemente con la gente y sus reacciones; es como volver a ver una pelicula, conoces ya el final y te centras en la trama y los peronajes, en el porqué de las cosas.
La primera parada en Berlín siempre es la parada del metro de la puerta de Brandemburgo, sales de la boca de metro y allí está delante tus narices. La primera impresión es siempre la misma, por la tele parece mucho más grande!; pero ya se sabe que la tele engorda siempre un par de kilos. Después de un paseo para familiarizarse con la zona del Mitte, conocer el funcionamiento del transporte público y con una buena guía en la mano, mis padres ya están listos para recorrer la ciudad mañana, mientras mi hermana y yo disfrutamos de una buena siesta matinal después de la salida de hoy por la noche.
Si en Berlín puedes encontrar de todo, la noche berlinesa no se queda atrás; solamente si eres un amante del pachangueo puede que tengas algún problemilla, pero seguro que algo encontrarás. Nosotros nos limitamos a seguir las directrices de un flyer en busca de una bonita casa de tres pisos. Buena música, mucha gente y muy buen ambinte, eso si menudo calor. A pesar del calor lo pasamos en grande, gracias también a la inestimable colaboración de mi primo Pablo; acabamos exhaustos de tanto bailar y un poco alegres de la cerveza.
Después de la fiesta y tras unas cuantas horas de sueño me voy a disfrutar de un paseo dominical por Berlín parando en un par de terracitas a comer y tomar un café, lástima que no tengan periódico. Me acerco hasta Oranienburger Str. y disfruto una cervecita en uno de los muchos garitos que llenan la calle. La resaca ya ha desaparecido, es momento de volver a casa y poner en común las experiencias del día durante la cena.
Berlín tiene tantas atracciones que difícilmente las disfrutas todas, también el número de monumentos o lugares míticos que visitar son tantos que siempre, en cada visita tienes oportunidad de ver alguno nuevo. El día de las novedades lo dediué a visitar el famoso Checkpoint Charlie, el Jüdisches Museum, caminar por toda la zona de Charlottenburg con su contraste de arquitecturas y parando en todas las tiendas; una de las grandes ventajas de viajar con la familia y estar de cumpleaños. En medio de todo dejamos a mi padre disfrutando de un café en las Galeries Lafayette, cansado ya de tanta tienda y tanta compra.
Después de todo un día de caminatas de un lado a otro, pegarse una buena ducha e ir hasta la Postdamer Platz a dar un paseo y tomarse na cerveza, es un auténtico placer. Realmente cualquier excusa es buena para tomarse una cerveza en Alemania. Resulta curioso, cada vez que alguién va por primera vez al Sony Center espera una orgía de colores en la cúpula, cuando ven el azul y rosa quedan como decepcionados, pero con el paso del tiempo esos dos colores se recuerdan como todo un arco iris.
Así entre paseos, cervezas y compras la semana se ha ido volando, se acaban las vacaciones pero antes tocan las despedidas, Pablo, Carlos, Jorge y Marc a ver cuando nos volvemos a ver. Mis padres e Inés volvieron para Galicia después de unos grandes días de vacaciones, con muchos recuerdos y sólo decepción; saber lo que estás pidiendo para comer evita la cara de gilipollas que se te queda cuando te traen un gran plato de pescado crudo y manzanas confitadas.
Cuando un viaje se acaba pienso si algún día regresaré, cuando me voy de Berlín sé que siempre voy a volver.

22 sept 2006

Londres, toma el dinero y corre (episodio II)

Son las ocho de la mañana y mientras doy buena cuenta de un nuevo desayuno continental, hacemos equipo y discutimos a donde iremos hoy, es la hora de los caprichos. En cualquier viaje los primeros días se hacen las visitas a las atracciones top ten, después comienzas a escudriñar las guías en busca de algo más aunque a mucho menor ritmo con más calma, dejando a un lado la imagen de turista y metiéndose poco a poco en el ritmode la ciudad. Pero no siempre es así, basta que después del desayuno pierdas a tus padres y la imagen de tus padres solos en Londres con un conocimiento escaso de inglés es desoladora. Así que comenzamos una carrera sin meta fija a la búsqueda de papá y mamá, Misión Imposible IV.
Dónde iría yo si fuese mis padres?, la Catedral de St Paul. Tras un cuarto de hora y un par de cambios de metro llegamos a la catedral, al menos en teoría porque está un poco escondida, lo que tiene su mérito considerando el tamaño que tiene. Nos damos una vuelta por la catedral pero no encontramos nuestro objetivo. Mientras nos tomamos un café pensamos en el siguiente objetivo, debe ser una visita cultural y con historia, algo distinto. La Torre de Londres, conjunto histórico que es Patrimonio de la Humanidad, con mucha historia a sus espaldas e incluso con leyendas y chismes suficientes para unos cuantos salsa rosa.
Llama la atención la Torre de Londres, primero desconocía su existencia y además tiene un aire antiguo pero no muy majestuoso, de andar por casa. Quizás algún día me deje la pasta que vale la entrada, pero hoy no, ya hay suficientes curiosos no hacen falta dos más. Decidimos abandonar la búsqueda, sabemos donde viven así que será sólo cuestión de tiempo encontrarnos. Dando un paseo por el Southwark llegamos hasta la Tate Modern, una interesante y enriquecedora experiencia; realmente uno de los museos de arte contemporáneo más interesante que he visto, quizás porque descubrí a Juan Muñoz, quizás porque no te abruman y te van dando lo que necesitas ver poco a poco sin llegar a pensar que te estan tomando el pelo; no lo sé. Salimos de la Tate cruzamos el Millenium Bridge y nos vamos a comer al Covent Garden.
Sentados en la plaza y mientras vemos a una preciosa mimo, decidimos irnos de compras; y tal como esta Londres y sin padres que paguen la única opción es irse a las tiendas de segunda mano de Notting Hill, un montón de tiendas con un montón de ropa, zapatos y accesorios; y lo mejor de todo a un precio más que razonable. Eso si hay que ir bien cargado de paciencia para buscar y rebuscar hasta encontrar algo que te interese y esperar que sea tu talla.
De vuelta a casa por fin nos reagrupamos, intercambiamos nuestras experiencias y conclusión: Londres es muy grande, no se puede estar más cerca todo el día y no cruzarse una sola vez. Para la última cena hay que probar un Fish & Chips, fritanga totalmente prescindible. Antes de regresar y hacer las maletas, un último paseíto nocturno sintiendo la tranquilidad de la noche, mirando hacia atrás y haciendo un resumen de tres días tan intensos en Londres. La verdad no será nunca mi destino de vacaciones favarito pero vivir aquí debe ser una auténtica pasada.

20 sept 2006

Londres, toma el dinero y corre

"Bienvendos al mayor mestizaje de culturas de toda Europa", así debería rezar un gran cartel a la entrada de Londres, mas que nada para que no te pille por sorpresa. Basta un viaje en metro para ver la cara de Londres, mucha gente con mucha prisa, para ver la cruz paga una cerveza, este viaje no te saldrá nada barato. Dejando a un lado el estrés y los precios, Londrés ofrece mucho más que el Big Ben y Buckingham Palace, cuaquiera puede encontrar su sitio, ya seas un amante de la música, el arte o los coches; o un simple freaky rarito.
Lo especial de mi primera visita a Londrés ha sido la compañía; mis padres y mi hermana. Un viaje en familia aporta muchas posibilidades y pocos inconvenientes, en resumen sales menos y comes mucho mejor; unos buenos madrugones completan la receta. Echando la vista atrás te das cuenta de que ha sido un gran cocktail.
Un pequeño paseo para estirar las piernas después de un largo viaje es siempre una buena opción y Londres ofrece un montón de parques. Así que fuimos hasta los Jubilee Gardens, donde se encuentra el London Eye, un paseíto cuatro fotos y para casa. No sin antes ir al típico pub y tomarse una buena cerveza calentita que presta más y a cama temprano que mañana hay que madrugar.
Lo primero que uno debe hacer en Londres cada mañana es mandarse un buen desayuno continental, con su bacon, salchichas, habas... el lote completo. Tras un desayuno así te coges el mapa y nadie te puede parar, aunque sólo sean las ocho de la mañana. El primer día de un viaje es siempre el más productivo, parece como si todo lo que no pudieses ver hoy mañana desaparecerá. Así que a las tres de la tarde cuando nos sentamos a comer ya llevabamos a nuestras espaldas el British Museum, Trafalgar square, Piccadilly Circus, toda Oxford Street y un cachito de Hyde Park; el museo del expolio o un viaje artístico por siglos de saqueos, un par de plazas que no hacen honor a su fama, una calle interminable con cientos de tiendas y el famoso parquecito, para entonces el hambre ya era más fuerte que el cansancio.
Después de la comida, sin hambre y engañando al cansancio seguimos nuestro tour. Primero el Palacio de Westminster, con su Big Ben y las camaras de los Lores y los Comunes, ya de paso la abadía de Westminster, donde Inés y yo decidimos darnos un pequeño homenaje descansando mientras mis padres, inagotables al desaliento, apreciaban la hermosura de la abadía. Todos juntos seguimos hasta el palacete de la reina, Buckingham Palace, bastante sobrio, poca cosa aunque a saber lo que tiene dentro. Mención aparte merece lo del cambio de guardia, una auténtica pérdida de tiempo, esperar más de diez minutos para ver el cambio de guardia es un exceso, aunque nunca está mal ver con tus propios ojos semejante ridiculez, aunque con el zoom de la cámara porque como no se puede entrar te pilla un poco lejos. Los madrugones, las largas caminatas y el calor cansan mucho, por eso lo mejor del palacio es sin duda la fuente de la entrada, no es especialmente hermosa pero es grande y está hecha de una piedra blandita que se adapta a la forma de todos los traseros.
La noche empieza a caer y todos los paseos del día pasan factura, pero de camino a casa en un último ejercicio de esa sana locura del hay que verlo todo, hacer una última parada en el Covent Garden es una gozada, aunque sigue habiendo mucha gente las terrazas dan la zona sensación de tranquilidad. Sentado en una mesa disfrutando de una cerveza recuerdas todo lo que has hecho hoy y te sientes bien, el cansancio también se toma un respiro y disfrutas de los mimos y músicos callejeros. No querrías estar en ningún otro sitio en ese momento, quizás esa sea la magia del Covent Garden.

10 ago 2006

THE LOVE IS BACK (Love Parade 2006)

La mejor forma de empezar un viaje nunca es perder el bus, ni que un compañero de viaje intente escaquearse en el último momento, ni salir de fiesta el día antes. Pero sentado en la parada buscando un poco de sombra, nada me importa; hoy me voy a la Love Parade. Llega otro bus, aparece el escaqueado y ya estamos camino de Hannover para encontrarnos con Gelo.
Tras los saludos y las típicas tonterías cogemos el siguiente tren; ahora ya hemos completado el Wochenende Ticket Group; Gelo, Peter y Lucie - los checos -, Andrei - escaqueaus interruptus - y yo. El DE-Bahn te da la gran oportunidad de viajer por muy poco dinero, muchas horas, mucho calor y varios trenes repletos de lovers.
Cada trasbordo nos acerca más a Berlin y cada tren se parece más a una discoteca, alcohol, drogas, incluso gogos; no falta nada, aunque lo mejor debe estar esperándonos.
Tras una breve parada en el hostel (Odysee Globetrotter Hostel limpio, confortable y barato) y una cervecita en una terraza, estamos listos para conocer la Love Parade. Cuando no se sabe bien un camino y a donde vas no sale en los mapas a veces está bien seguir a la multitud, esa es la única razón de habernos bajado en la parada de Bellevue, y ahora a seguir la música hasta encontrar un buen sitio. es dificil no pararse a contemplar toda la gente rara que hay por todas partes, disfraces de todo tipo, algunos muy elaborados otro sólo llaman la atención por ser sencillitos, un par de tiritas en las tetas y a bailar; original y superponible. Empezamos a cruzarnos con algún trolley, auténticas discotecas andantes; menuda juerga que se traen dentro, nosotros nos limitamos a pegar cuatro brincos al lado, el día será largo y es mejor no pararse bajo la sombra del primer árbol.
Hasta donde me alcanza la vista sólo veo una marea humana, vuelvo la vista atrás y me doy cuenta de que estamos en medio del mar, pero increíblemente no nos ahogamos; puedes bailar, saltar o loquear, hay espacio de sobra y caras sonrientes; no puedes más que dejarte llevar por la marea y disfrutar. Bailando, bailando ya hemos llegado al Siegessäule el epicentro de la Love Parade, donde han situado el set para los dj's, encima de una gran pantalla de leds gigantes. Somos un millón de personas absorvidas por el ambiente, en ningún momento eres consciente de la magnitud de la fiesta. La música sale sin cesar del Siegessäule, Lucca, Tiesto, Villalobos o Paul van Dyk son algunos de los djs que pinchan aunque ahora mismo no sabría decirte cual está sonando. Además las grandes discotecas del mundo tienen su propio camión con su dj, sus gogos, sus chic@s guap@s... cada cinco minutos puedes pasas un rato en una discoteca distinta, el tiempo vuela y esto es una auténtica locura.
Van a ser las once de la noche y necesitamos un trago, por principios Gelo y yo renunciamos al Red Bull lo que nos cierra todas las posibilidades oficiales de beber algo, pero tras mucho negociar dos bellezas holandesas nos cambian cerveza por tabaco y aunque todo lo bueno se acaba quién coño espera que la Love Parade se acabe a las once de la noche. Al principio pienso que se trata de un fallo técnico, la cara de incredulidad de Gelo anima mi teoría, no nos importa que todo el mundo empiece a marcharse; ellos se lo pierden.
Han pasado quince minutos y sigue sin funcionar el sonido, la mitad de la gente se ha ido y ya nos hemos acabado las cervezas. A lo lejos vemos un par de camiones de limpieza, no podemos engañarnos más, esto se ha acabado.

11 jul 2006

30 de abril Walpurgisnacht en el Harz

Levantarse una mañana, correr las cortinas y encontrarse una gran nevada es algo normal en Clausthal; pero si mañana es 1 de mayo entonces es una putada. En mañanas como ésta tras meses de frío y nieve te preguntas si realmente veremos el sol algún día, si el verano pasará de largo por Clausthal, si, si, si; todo son dudas así que me vuelvo para la cama, quizás todo sea un mal sueño.
Levantarse una mañana, correr las cortinas y no encontrarse nieve, es cojonudo, incluso veo unos rayitos de sol, quién ha dicho que segundos despertares no son buenos. Hoy es un día especial, hoy hay algo que hacer en Clausthal, hoy se rompe la monotonía, hoy nos vamos todos de excursión; hoy es el aquelarre de las brujas.
Después de comer toda la maquinaria se pone en marcha, mucha gente y pocos coches; un problema. Poner de acuerdo a 15 personas es fácil, incluso a 20 o 30; aunque al final siempre pasa lo mismo, alguien que se retrasa, otro que se apunta a última hora, incluso el que 5 minutos antes aún no se ha decidido. Superados todos los problemas ya estamos en camino, vamos en coche con María, destino la montaña del águila. Se trata de una colina de piedra de unos 80 metros coronada por una enorme escultura de un águila, abajo en una pequeña esplanada los puestos de comida y cerveza (eso nunca puede faltar).
El sitio mola, hay ambiente de fiesta, bastante gente y estamos casi todos; pero que frío hace. Con los dedos congelados sujeto la botella de kalimotxo y empiezo a beber, no se pueden pasar bebidas al recinto. Ya estamos dentro, unos colándose y otros mas pardillos pagando 5€ por una pulserita conmemorativa. Aparte de la cerveza y la música alemana, hacen una obrilla de teatro en medio de a montaña y según me cuenta Juan los españoles son los malos que queman a las brujas. Parece que la obra no está siendo muy interesante porque buena parte de la tropa se ha ido a una fiesta en Clausthal, sólo algunos vemos como salvan a las brujas y la apoteósis de los fuegos artificiales. La gente está aplaudiendo un montón, como se nota que son familia, tampoco ha sido para tanto.
Ya no hace tanto frío, gran paradoja que el frío pase con frío, formato cerveza, kalimotxo o algún cubatilla. Abandonamos el monte del águila, que ahora en medio de la oscuridad si que acojona un poco, y vamos hasta Bad Grund. Menuda sorpresa aquí hay un ambiente increíble, calles cortadas, música, litros de cerveza y mucha gente. Hay un montón de brujas por todas partes, con sus gorros, sus escobas y sus caras de bruja; aunque muy simpáticas. Hay días en los que vas de decepción en decepción, pero otros de sorpresa en sorpresa; y hoy es un día Isabel Gemio, porque ahora mismo delante nuestra están tocando los kiss. Lo sé, no son los auténticos, pero nos lo estamos pasando de miedo; tocan todos los clásicos, hasta escupen sangre; joder muy profesional. Si midieran 10 cm más me quedaría la duda si podrían ser los auténticos.
El concierto se ha acabado y sin darnos cuenta todo el mundo ha desaparecido, el frío es definitivamente historia y ha llegado la hora de regresar a Clausthal. Todavía nos queda la típica fiesta de Verbindung clausthaliana.
Son las 6 de la mañana y volvemos para casa, me acuerdo de los sabrosos bocatas de la panadería de Hernán Cortés, mientras procuro no volver a olvidar - sin un duro en mis bolsillos - que el Pfand no es una bebida exótica alemana. Menuda noche más loca.

27 abr 2006

Kiel, ciudad comedor

Cuando emprendes un viaje hay siempre una preparación previa. Dónde ir, cómo llegar, dónde dormir o qué hay que ver; son algunas de las preguntas que debes responder antés de salir. Esta claro que si has decidido recorrer el mundo durante una temporada puedes pasar de preparativos y lanzarte a la aventura, pero si no es ése tu caso trata de informarte.
Volvemos de Copenhagen y suena un runrún de acercarse a algún sitio antes de llegar a casa, el runrún se convierte en Kiel nada más salir del barco; el instigador: Josín. Aparece la señal de desvío hacia Kiel, Sandra al volante quiere saber hace donde tiramos, elude claramente la responsabilidad; pero en el último instante Josín grita: A la derecha, a la derecha!!!, así empieza nuestra excursión a Kiel. No sé que esperamos encontrar aquí, a mi sólo me suena su equipo de balonmano, pero espero que sea pescado.
Pues ni pescado, ni playa, ni nada; hasta el ayuntamiento es nuevo y bastante feo. Recorremos la calle peatonal principal, es festivo y todas las tiendas están cerradas, seguimos caminando hasta un pequeño puerto en busca del acuario, y ahí en una piscina exterior del acuario junto a una marabunta de gente encontramos un par de focas, mis primeras focas en directo que ilusión. Pasado el subidón de las focas y de vuelta a la triste realidad de Kiel nos volvemos para a casa, quizás con tiempo y preparación no habríamos llevado una mejor imagen, aunque lo más seguro es que no hubieramos venido.

25 abr 2006

Copenhagen, quién puede ver una sirena de noche

Las ciudades son dinámicas, continuamente están cambiando. Pueden ser meses, años, incluso generaciones lo que tardas en percibirlo pero si te sientas en tu habitación y esperas a que caiga la noche sabes que algo ya es distinto. No sólo la ciudad se transforma; cuando llega la noche nosotros somos distintos. La ciudad cambia su luz, sus colores, sus sonidos, nos muestra otra cara. Nosotros somos menos confiados, más atentos al entorno y siempre caminando hacia la luz, raramente alguién busca una sombra en la noche. Pero con una copita todo vuelve a cambiar, ya no buscas luces caminas hacia los neones.
Viernes noche, mientras continúan los turnos de ducha Iván comienza la ceremonia del calimocho. Vino, coca cola y fiesta son la trinidad del calimocho; y los distintos juegos que incitan a la bebida, el camino hacia la catarsis. Llegan las doce y es la hora de conocer la imagen nocturna de Copenhagen, nuestra primera parada un club de erasmus, tras pagar entrada y disfrutar de la última canción de un concierto corrimos hacia la barra. Las birras no están muy caras y se agradece, la música es cojonuda y las tías que pinchan están bastante buenas, es una lástima que necesiten una lista con las canciones que deben pinchar, así cualquiera. Tras tres intensas horas cambiamos de garito y nos vamos al Jazz House, un sitio de moda con poco jazz mucho hip hop comercial y de precios prohibitivos. A las cinco de la mañana la noche se acaba en Copenhagen, es hora de irse a descansar. Camino a casa voy leyendo todas las postales que la peña de los garitos habían escrito, ahora me arrepiento de pedirles que lo hicieran en danés, no entiendo nada.
Sábado noche, cola para la ducha y otra vez el culebrilla del Iván ya preparado y calimocheando. Hoy hace bastante buena noche y vamos a ir a beber a la orilla de la ría. Los infantiles juegos para beber de ayer han dado paso a versiones mucho más desarrolladas y dañinas. El tres se convierte en tres proevolution, los fallos son norma y empiezan a pasar factura. Estamos en la ría y comenzamos el primer campeonato de 3pro, sin concesiones, un fallo y estás fuera; un fallo y te vas al embarcadero. A medida que avanza el juego el lema se convierte en un himno que nos acompaña toda la noche, al embarcadero!!! al embarcadero!!! - gritamos todos mientras Iván contra pronóstico es el último en venir al embarcadero, quizás no haya durado más de un minuto pero intenso, muy intenso. Entre risas y eses nos movemos en busca de un garito y hoy ha tocada el Australian Bar, un animado y enorme pub donde durante más de cuatro horas nos empapamos de la cultura danesa, pero ya son las cinco y se cierra el telón. Aunque parece que hoy hay quien no se rinde, camino a casa me pregunto si habrán encontrado algo, no lo sé pero ahí os dejo los comentarios.

22 abr 2006

Copenhagen, una sirenita en el norte de Europa - Episodio III -

Domingo doce de la mañana, cada día que pasa la cama te abraza con más fuerza, pero hoy es nuestro último día y hay que apovecharlo. En el concurso de quién duerme menos están los que han dormido cinco horitas otros ocho, hay quien se acaba de acostar, quien todavía no lo ha hecho y el Cholo. Intentamos en vano conseguir una bicicleta, pero habrá que completar la última jornada pedestre en Copenhagen. El hambre empieza a hacer mella y decidimos parar a comer, estando al lado del puerto que mejor que probar algo de pescado y si es cocina danesa mejor. Que equivocados estábamos.
El restaurante es relamente idílico, terracita mirando al puerto, camareras trajeadas, una carta interesante y un hambre voraz, media hora después casi no hemos podido probar bocado en el mejor de los casos, demasiada sofisticada la comida o poco acostumbrados a esos sabores. Con el estómago casi vacío y muy revuelto caminamos por el paseo marítimo; un precioso jardín, la maravillosa vista de la ría y el sol a nuestra espalda nos hace olvidar el fiasco de la comida. Hacemos una paradita para contemplar el magnífico edificio de la opera, tras la sesión de fotos continúamos el paseo, siguiente parada el palacio real.
Más allá de la belleza de las plazas, esculturas y edificios que forman el complejo del palacio, la mayor atracción suele ser la guardia real. Hombres enormes vestidos de luces e impasibles ante todas las tonterías que puedas hacerles, santos varones de paciencia infinita.
Cansados de tocarle las narices abandonamos el palacio y seguimos imaginándonos a la sirenita. Estamos a unos cien metros y a lo lejos vemos una pequeña marabunta de personas en torno a una roca, a cincuenta metros ya vemos la figura de la pequeña sirenita, crecerá según nos acercamos; pues no. No creo que esta sirenita de pie no levantará más de metro y medio del suelo, pero da igual. Veinte minutos después de la primera foto siguen todavía sonando las cámaras, hemos hecho fotos individuales, por parejas, en grupos e incluso con desconocidos. Esta sesión con la sirenita marca el final de nuestra visita a Copenhagen, volvemos al hostel pero aun sacamos fuerzas para ver otro parquecito en medio de una base militar aunque el guardia de la puerta está demasiado armado como para tocarle las narices con una foto.
Son las nueve y nos tiramos en la cama todos derrotados, hoy no habrá salida, mañana madrugón, foto en una playa danesa y de vuelta a casa; o eso creo porque siempre queda un camino a la derecha.

20 abr 2006

Copenhagen, una sirenita en el norte de Europa - Episodio II -

La primera resaca en una ciudad suele ser dura, la emoción de la noche anterior te lleva a darlo todo y más, sin reparar a que un pequeño madrugón te está esperando en pocas horas. Tras el madrugón viene la caminata y mañana todo vuelve a empezar, cambiando horas de sueño y descanso por más kilómetros y cansancio. La experiencia te enseña a no vaciarte y guardar siempre algo, por lo que pueda pasar.
El sábado el carrusel de la ducha empieza a las once de la mañana; con cierto orden y alguna culebrilla, con siete para una sola ducha la fauna salvaje se abre paso. Mención especial para nuestro amigo cholo, que amablemente cedió todo el fin de semana su derecho a ducha a cambio de recordarnos nuestra obligación de limpiar el baño. Al final ni él se ducho ni nosotros limpiamos.
A las doce y media ya estamos en camino, sacrificamos sin saberlo nuestra última opción de bicicleta, nos dirigimos a Christiania. Resulta difícil explicar que es Christiania, la leyenda dice que es un campamento hippy en medio de Copenhagen sin normas, sin leyes; durante el camino dejas volar tu imaginación y antes de llegar sientes el hormigueo de la emoción: Joder esto va a ser como un documental de Woodstock en pequeñin pero en directo - piensas iluso mientras no paras de sonreír. Caminamos durante media hora por la ribera del río, admirando a cada paso los maravillosas construcciones de un plan urbanístico que mira a la ciudad y a su gente sintiéndose orgulloso y no como una puta de lujo que se vende al mayor especulador.
Ya estamos llegando a Christiania, ya me parece oler las flores y escuchar el Magic Bus de los Who. Pero mira que soy tonto a veces, ni flores, ni los Who, ni Woodstock... por cada pseudohippy que me encuentro hay tres maderos, dos colgaos borrachos, una tribú urbana de jóvenes malotes y diez perros. Sólo queda un pequeño rumor en el ambiente de lo que Christiania debió ser, pocas personas auténticas de verdad y mucho aprovechado al que le han dado un lugar donde tajarse poque sí a cualquier hora del día. Son las personas las que crean un lugar dejando parte de su esencia y supongo que las de mi quimérica Christiania deben estar hoy de viaje.
Es hora de comer y empieza la lotería de elegir un sitió, parece que hoy hemos tenido suerte, que buena está la comida de LUNA´s diner y menudas raciones. Saciada el hambre dedicamos la tarde a caminar por el centro, visitar alguna tienda y admirar desde un banco los monumentos de Copenhagen; uno, dos ,tres, quince... tardas muy poco en perder la cuenta.
Algunos decidimos alejarnos del centro para ver si hay vida más allá del maravilloso centro. Coño ese tío lleva una pistola, me giro y veo a tres policías desarmando a un vagabundo borracho, pero como somos muy duros no nos dejamos impresionar y seguimos camino más alla del río. La ciudad aunque no tan fashion sigue manteniendo su estilo, edificios pequeños, muchas zonas verdes e infinitos carriles para bicis.
Volvemos al centro para reagruparnos, caminando cansados hacia el hostel piensas en esa maravillosa ducha y en que nos deparará esta noche. Pero a estas alturas todos sabemos que da igual todo lo que uno se imagine al final la noche siempre te sorprende y sino no es tu caso.... hazte un favor, deja de salir.

19 abr 2006

Copenhagen, una sirenita en el norte de Europa - Episodio I -

Cuando alguién piensa en un país escandinavo, lo primero que se le viene a la cabeza son los grandes tópicos: frío, vikingos, tías rubias impresionantes, salmón ahumado... y aunque a veces los tópicos son leyendas alejadas de la realidad, esta vez algunos se cumplieron. El salmón estaba muy bueno y las tías también, de los vikingos ni rastro.
Tras un buen madrugón, 532 km. y un viajecito en ferry llegamos a Copenague. Siete aventureros con sus mochilas en un volkswagen de siete plazas y sin maletero, el síndrome de la clase turista estaba al acecho. En esas circustancias subir al ferry que une Alemania con Dinamarca fue una liberación, estirar las piernas un poco, volver a ver el mar y unos rayitos de sol en cubierta; perfecto para cargar un poco las pilas y recorrer los 140 km. finales. Dinamarca nos recibió con sol y viento, grandes llanuras verdes sembradas de molinos y extraño límite de velocidad de 110km/h.
La entrada a las grandes ciudades suele ser un poco caótica, más aún cuando es la primera vez; sabes a donde quieres ir, no sabes donde estás y en el último momento no aparece la S2 que indica la vía michelín. Solución, siempre la misma, conseguir un mapa y preguntar dónde estamos y dónde queda el hostel. Una de las primeras incógnitas que se resuelven en un viaje es cómo está el hostel, pasar tres noches donde no estás cómodo puede resultar un incordio.
Los dormitorios - habitaciones con muchas camas - son una buena opción para dormir por no mucho dinero en el centro de las ciudades, pero casí siempre has de compartirlo con alguién y aunque normalmente son personas con tus mismas inquietudes a veces puede saltar la sorpresa. Sorpresa que llamaremos Cholo y que puede ser francés, por ejemplo, y que no está de visita sino que vive en el dormitorio. Y aunque parezca increíble con nosotros vivió durante tres días un personaje así, un poco peculiar, distinto, pero una buena persona.
Después de dejar las cosas en la habitación número 13 del piso 14 del hostel, comer algo, preguntarnos de quién serían las cosas de la octava cama que había; nos fuimos a estirar las piernas por la ciudad. El hostel estaba situado en el centro de la ciudad, junto al Tivoli, y a unos 500 metros del ayuntamiento. No volvimos a coger el coche hasta el lunes.
La primera sensación de Copenhagen es acogedora, hay muy pocos coches y muchísima gente en bicicleta. En ningún momento sientes que estás en una ciudad de un millón de personas, sin atascos, ni pitidos, aire limpio, edificios pequeños a la vanguardia de la arquitectura contemporánea, sin malas caras y con grandes sonrisas. Copenhagen enamora a primera vista.
Para el recién llegado lo mejor es acercarse hasta la plaza del ayuntamiento, estarás en el centro de la ciudad y muchas calles peatonales suelen confluir en él y normalmente suelen ser monumentos en si mismos. Tras una sesión de fotos en la plaza, empezamos a caminar por la típica calle peatonal, bulliciosa y llena de tiendas, todas cerradas que era festivo; pero que os voy a contar todas las ciudades del mundo tienen al menos una calle así. No duro mucho nuestro primer paseo, el cansancio, el viento y la rasca que hacía nos agotaron demasiado pronto, aunque conseguimos llegar hasta el mar. Pero teníamos ya muy claro que habíamos acertado con la ciudad. Grandes cosas nos estaban esperando, incluyendo un francés. El octavo elemento que me permitió por primera y última vez subirme a una bici en Copenhagen ese mismo viernes. Sólo un minuto encima de la bici fue suficiente para pasar el resto del fin de semana suspirando por ella.