25 abr. 2006

Copenhagen, quién puede ver una sirena de noche

Las ciudades son dinámicas, continuamente están cambiando. Pueden ser meses, años, incluso generaciones lo que tardas en percibirlo pero si te sientas en tu habitación y esperas a que caiga la noche sabes que algo ya es distinto. No sólo la ciudad se transforma; cuando llega la noche nosotros somos distintos. La ciudad cambia su luz, sus colores, sus sonidos, nos muestra otra cara. Nosotros somos menos confiados, más atentos al entorno y siempre caminando hacia la luz, raramente alguién busca una sombra en la noche. Pero con una copita todo vuelve a cambiar, ya no buscas luces caminas hacia los neones.
Viernes noche, mientras continúan los turnos de ducha Iván comienza la ceremonia del calimocho. Vino, coca cola y fiesta son la trinidad del calimocho; y los distintos juegos que incitan a la bebida, el camino hacia la catarsis. Llegan las doce y es la hora de conocer la imagen nocturna de Copenhagen, nuestra primera parada un club de erasmus, tras pagar entrada y disfrutar de la última canción de un concierto corrimos hacia la barra. Las birras no están muy caras y se agradece, la música es cojonuda y las tías que pinchan están bastante buenas, es una lástima que necesiten una lista con las canciones que deben pinchar, así cualquiera. Tras tres intensas horas cambiamos de garito y nos vamos al Jazz House, un sitio de moda con poco jazz mucho hip hop comercial y de precios prohibitivos. A las cinco de la mañana la noche se acaba en Copenhagen, es hora de irse a descansar. Camino a casa voy leyendo todas las postales que la peña de los garitos habían escrito, ahora me arrepiento de pedirles que lo hicieran en danés, no entiendo nada.
Sábado noche, cola para la ducha y otra vez el culebrilla del Iván ya preparado y calimocheando. Hoy hace bastante buena noche y vamos a ir a beber a la orilla de la ría. Los infantiles juegos para beber de ayer han dado paso a versiones mucho más desarrolladas y dañinas. El tres se convierte en tres proevolution, los fallos son norma y empiezan a pasar factura. Estamos en la ría y comenzamos el primer campeonato de 3pro, sin concesiones, un fallo y estás fuera; un fallo y te vas al embarcadero. A medida que avanza el juego el lema se convierte en un himno que nos acompaña toda la noche, al embarcadero!!! al embarcadero!!! - gritamos todos mientras Iván contra pronóstico es el último en venir al embarcadero, quizás no haya durado más de un minuto pero intenso, muy intenso. Entre risas y eses nos movemos en busca de un garito y hoy ha tocada el Australian Bar, un animado y enorme pub donde durante más de cuatro horas nos empapamos de la cultura danesa, pero ya son las cinco y se cierra el telón. Aunque parece que hoy hay quien no se rinde, camino a casa me pregunto si habrán encontrado algo, no lo sé pero ahí os dejo los comentarios.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Pues claro! Siempre hay gente que no se rinde. Verdad Pablin? jeje El ahora mentado, el gran Josin y el que escribe siguieron la lucha. Tras preguntar a la gente dimos con el unico garito abierto en Copenhague hasta las 10 de la mañana. Pues dicho y hecho. Hasta las 10 de la mañana! Lo que pasara despues queda en secreto... jeje ;-)
Fdo: J4v13R antes conocido como El NerViO

Anónimo dijo...

Yo es pensar en el Hong Kong y sólo recuerdo el restaurante que estaba al lado donde comimos (o intentamos) la mayor bazofia de mi vida. Un cero para la comida danesa.

Saludos de la CARM€N ® ...

Anónimo dijo...

Por supuesto...tanta lucha siempre tiene una recompensa(para unos mas que para otros jeje); el Honk Kong siempre permanecera en nuestra memoria...Una historia para contar a nuestros nietos, eh Nervio??Bueno mejor no...
Pablin antes conocido como el rastas!!